Pájaros que son música

Pájaros que son música
Jarbas Agnelli se levantó y, como cada mañana, se dispuso a tomar el desayuno mientras hojeaba el diario. Ese día O Estado , el principal diario de San Pablo, incluía en su interior una foto en la que Jarbas escuchó música. Treinta y ocho pájaros descansando sobre cinco cables de electricidad. En esa imagen, el director de cine publicitario y músico amateur brasilero vio el pentagrama y las notas, la recortó, se sentó en su piano y dejó que los pájaros le dictaran la melodía. “Era una melodía simple y dulce -dice- y entonces decidí componer a partir de ella un arreglo clásico.” Luego hizo un video (en el que claramente se ve el modo en que cada nota se corresponde con cada pájaro) y lo subió a Vimeo, una plataforma para compartir videos online. Desde entonces, su pequeño experimento se convirtió en una gran lección del modo en que la intuición creativa cobra vuelo a caballo de la revolución digital.
El video, titulado Birds on the wire , fue visto por casi un millón de personas, comentado por más de 250 y tendrá su versión cantada para la que el propio músico escribió la letra. Además, Agnelli intentará replicar la experiencia de manera colaborativa en el sitio birdsonthewire.com , donde permitirá que los usuarios suban sus fotos de pájaros sobre cables y que otros se animen a interpretar las melodías y componer temas a partir de ellas.
“La repercusión de este pequeño experimento se debe a la existencia de Internet y a la fuerza de las redes sociales”, dice el realizador. De hecho, Facebook y Twitter fueron los principales motores de su propagación.
El video revela hasta qué punto la revolución digital, en su capacidad de traducir todo (texto, imagen, audio y video) a ceros y unos, diluye las fronteras de las disciplinas artísticas tradicionales y hace que para las nuevas generaciones aprender a editar video o música sea tan sencillo como hace décadas, para otros, fue aprender a usar una máquina de escribir.
Por Carlos Guyot -De la Redacción de LA NACION-
1 comment 7 Noviembre 2009
La música es el espejo de la mente
Un estudio descubre patrones comunes entre la música y la actividad cerebral
Un estudio desarrollado por científicos norteamericanos ha comprobado la antigua suposición de que la música y el cerebro están profundamente conectados. Utilizando un complejo análisis estadístico que compara los procesos neuronales y las melodías, este estudio ha revelado que ambos presentan patrones comunes. Eso significa que, probablemente, la música es un reflejo de la mente del compositor y explicaría por qué el cerebro produce emociones que van mucho más allá de los estímulos meramente auditivos cuando percibe la música. Por Yaiza Martínez.

Un equipo de físicos liderado por Simona Bianco y Paolo Grigolini, del Center for Nonlinear Science de la universidad de North Texas (en Estados Unidos) ha llevado a cabo una investigación cuyos resultados demuestran que existe una curiosa conexión entre la música y el cerebro.
Un detallado y complejo análisis estadístico de los procesos inherentes a ambos reveló que entre ellos hay grandes similitudes, en concreto, entre las distribuciones producidas por las composiciones musicales y la actividad cerebral.
Análisis de patrones
Los investigadores monitorizaron la actividad del cerebro utilizando la electroencefalografía (EEG, que es una técnica que permite registrar las señales eléctricas de la superficie del cerebro. Esta técnica se utiliza en neurofisiología para diagnóstico de enfermedades y lesiones cerebrales. Por otro lado, se analizaron composiciones musicales en función de ciertos parámetros, como la melodía, la armonía, el ritmo, el tono y el timbre, entre otros factores, según publica APS.
Posteriormente, los científicos realizaron sendos mapas de la actividad cerebral y de las composiciones, por regiones destacadas en función de los saltos de cambios significativos acaecidos en ambos durante el registro, descubriendo así que existía una similitud entre los patrones de las señales eléctricas del cerebro y los de la música.
Índice de complejidad
Además, el equipo determinó un índice de complejidad tanto para las composiciones y las funciones cerebrales que consistía en un número que describía la intrincación de ambos procesos. También este índice resultó en los dos casos parecido.
Como conclusión, los científicos han señalado que el estudio sugiere que ambas estructuras serían auto-organizativas, aunque en el caso de la música, probablemente esta auto-organización sea un reflejo de la mente auto-organizada de su compositor.
Según un detallado artículo aparecido en la revista Physical Review E, escrito por los autores de la investigación, en futuros estudios el equipo profundizará en la relación entre mente y música, monitorizando la actividad cerebral de participantes que estén escuchando música.
De esta forma, esperan determinar si la actividad de nuestro cerebro se ve afectada por la complejidad de las composiciones musicales. Además buscarán “acoplamientos” en los que la complejidad de la música se asimile a la actividad cerebral de las personas que escuchen música. Si la hipótesis de los físicos es cierta, estos acoplamientos entre una composición musical y la actividad del cerebro ayudarán a determinar las preferencias musicales de cada persona.
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Add comment 5 Octubre 2009
Los bebés distinguen patrones y variaciones musicales mientras duermen

Una investigación basada en encefalogramas constata el innatismo de la capacidad musical humana
Poco se sabía hasta ahora sobre la percepción de los bebés recién nacidos, pero los avances tecnológicos están empezando a desvelar este misterio. Una investigación llevada a cabo por el proyecto EmCAP de la Unión Europea ha revelado que los bebés tienen sensibilidad para distinguir tonos musicales desde que nacen, es decir, que la capacidad musical humana no se deriva de la experiencia, como se creía hasta ahora, sino que tiene un componente innato. Utilizando el encefalograma, los investigadores comprobaron que los cerebros de los recién nacidos reaccionaban a cualquier variación en las expectativas rítmicas presentadas, esto es, que eran sensibles a los cambios en la música. Conocer a fondo cómo procesa el cerebro humano la música permitirá desarrollar nuevos tratamientos para problemas de audición, y también crear sistemas artificiales inteligentes capaces de procesar la música como nuestro cerebro. Por Yaiza Martínez.
Hasta hace poco, no se sabía casi nada sobre la percepción de los humanos cuando nacemos y, a pesar de que la percepción de los adultos ha sido investigada ampliamente, los patrones de percepción de los bebés recién nacidos seguían siendo un misterio
Gracias al proyecto EmCAP de la Unión Europea se ha podido desentrañar en parte este misterio. EmCAP (siglas de Emergent Cognition through Active Perception) es un proyecto de investigación desarrollado entre 2005 y 2008, que ha aunado los esfuerzos de neurocientíficos y técnicos musicales para realizar experimentos con bebés y música
En los experimentos, publica la agencia CORDIS de la UE, los bebés dormidos fueron conectados a un encefalograma (EEG), que es un instrumento que registra la actividad eléctrica del cerebro mediante electrodos colocados en el cuero cabelludo
Tonos, ritmos y melodía
Después, se hizo sonar una música, en concreto secuencias tonales simplificadas, para saber a qué tipo de patrones eran sensibles los recién nacidos, y si éstos predecirían qué tono o secuencia sería la siguiente, basándose en las escuchadas hasta el momento.
Tal y como explica Susan Denham, una de las autoras de esta investigación en el comunicado de CORDIS, las secuencias de sonido presentadas a los bebés variaban en el “color”, como si las emitiesen diversos instrumentos, pero mantenían siempre el mismo tono.
De vez en cuando, se hacía sonar un tono diferente, y se comprobaba con el EEG si los cerebros de los bebés habían producido una reacción distinta como consecuencia del desvío en el sonido. Pruebas similares fueron realizadas para analizar también el grado de sensibilidad de los niños a patrones melódicos y rítmicos
Según Denham, mientras que este tipo de técnica se ha usado durante años con adultos para medir la detección pre-consciente de hechos inesperados, rara vez se había utilizado con bebés recién nacidos. La gran ventaja de esta técnica es que se puede utilizar incluso cuando la persona estudiada está inconsciente.
Por eso no resultó un problema para averiguar la actividad cerebral de los pequeños, que éstos estuvieran durmiendo durante las pruebas.
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Add comment 5 Octubre 2009
MUSICA Y GENETICA
Por Federico Kukso y Leonardo Moledo
Nadie podría negar que se trata de un buen antecedente: entre 1612 y 1619, nada menos que Johannes Kepler (1571-1630) se encargó de refinar un género musical ya conocido por el propio Pitágoras en el siglo VI a.C.: la llamada “música de las esferas”. Para Pitágoras, como para Kepler, cada planeta, según la velocidad angular con la que gira, produce un sonido particular. Así lo dejó en claro en su libro Harmonices Mundi (Armonías del mundo), donde, además de enunciar su gloriosa tercera ley, que más tarde inspiraría a Newton, escribió seis melodías que correspondían a cada uno de los planetas hasta entonces conocidos (Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter y Saturno). De allí a lo que hoy se conoce como música molecular no hay más que tres siglos y un paso.
En verdad, la “música molecular” (o genética) se lleva todos los laureles si de raras invenciones musicales se trata. La idea es traducir en secuencias de notas musicales la estructura de algunas de las miles de proteínas que contiene el cuerpo humano. La bioquímica Linda Long de la Universidad de Exter (Gran Bretaña) es una de las “artistas” más conocidas de este curioso sistema de composición musical. Primero utiliza la cristalografía de rayos X para “mapear” en tres dimensiones los veinte tipos distintos de aminoácidos que componen a las proteínas. Luego con un software especial le asigna a cada uno duración, amplitud, tono, escala e instrumento para ser interpretado. Long ya cuenta en su haber con varios cds como Listen to your body (Escucha a tu cuerpo) y Music of the body (Música del cuerpo, que consiste en 40 minutos de sonidos de hormonas humanas), cuyos temas (con cierto ritmos de vals y onda new age) pueden escucharse en su sitio www.molecularmusic.com.
CONCIERTO INTERIOR
En realidad, la música molecular nació en los años ‘60, cuando las funciones de las proteínas recién empezaban a describirse, y la verdad es que no estaba mal: daba la sensación de que todo el mundo tiene una melodía adentro. Pero ya Watson y Crick habían descifrado la doble hélice y entonces, obviamente, el próximo paso eran los genes y el genoma. ¿A quién no se le ocurre?
Un tal Susumo Ohno, especialista en genética (del Beckman Research Institute de la ciudad de Hope, Estados Unidos), descubrió que al asignar arbitrariamente notas musicales a las sustancias que componen el ADN (Do a la citosina, Mi y Re a la adenina, Fa y Sol a la guanina, y La y Si a la timina), conseguía los más variados ritmos musicales. Incluso, con la ayuda de su esposa Midori, interpretó algunos pasajes en piano, violín y viola.
Hace poco, y para conmemorar los cincuenta años del descubrimiento de la estructura del ADN, un equipo español de Microbiología del hospital Ramón y Cajal de Madrid compuso diez canciones que tuvieron como partitura notas musicales traducidas de secuencias del genoma humano (entre los que se utilizaron genes involucrados en la sordera y la enfermedad de Alzheimer) y otros seres vivos como hongos y bacterias. Aunque el nombre del cd no es muy original (Genoma Music o La música del genoma, del que se puede escuchar algo en www.genomamusic.com), los de algunas de las canciones (quizás futuros “hits”, quién sabe) sí lo son: “Homo sapiens Conexina 26”; “YRB1P Candida albicans”; y “SLT2-proteína kinasa”.
Pero así como no todos los intentos de descifrar el genoma son nobles, los de pasar genes a música tampoco. Por ejemplo, la empresa de biotecnología Maxygen (de Redwood City, California) pretende en vez de patentar genes, digitalizarlos como notas musicales (en mp3s) y ponerles copyright a las canciones que de allí salgan. La idea no es ingenua: las patentes tienen en Estados Unidos un límite de 17 años, mientras que los derechos de autor duran cien años. El tema para algunos es preocupante: quizás en un futuro no muy lejano, uno puede llegar a encontrar trozos de su patrimonio genético en forma de música rondando por Internet, sin que nadie le haya avisado al respecto.
LOS SISMOS, EL NIÑO Y LOS TRUENOS
Hay quienes fueron un poco más lejos que las proteínas y los genes. Como Marty Quinn (del Design Rythmics Sonification Research Lab, en Estados Unidos), que logró extraer patrones musicales a partir de terremotos, ondas cerebrales, variaciones de la corriente de El Niño, tormentas que azotan a Júpiter y la actividad solar. Sus últimos trabajos (que el músico y especialista en computación expone en www.quinnarts.com) son Sinfonía Climática y Sonata Sísmica; nombres bastante creativos que llaman a uno a pegarle al menos un vistazo (con el oído, claro).
En definitiva, pese a la solemnidad con la que muchos presentan estas supuestas piezas de arte (que para algunos no dejan de ser ruido), no son más que notables experimentos o juegos. Como el que realizó hace trescientos años Johann Sebastian Bach, quien, aprovechando el hecho de que en alemán las notas musicales se designan con letras (A=la, B=si bemol, C=do, H=si) utilizó la melodía de su apellido como contratema de la última sección del Arte de la fuga. No sería raro suponer que la música de las proteínas, los genes y los terremotos le habría encantado a Bach, y probablemente a otros gigantes de la música como Beethoven, Mozart o Chopin.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/futuro/13-487-2003-06-26.html
Add comment 15 Agosto 2009
¿EL INSTRUMENTO MAS ANTIGUO ?
El instrumento musical más antiguo del mundo
La flauta fabricada hace 35.000 años, hallada en Alemania. | AFPDesde hace más de un siglo, y especialmente en las últimas décadas, los arqueólogos se han lanzado a una ávida carrera por hallar las evidencias más antiguas de esa delicadeza que se presupone a quienes fueron capaces de hacer arte en la prehistoria. Una vez más, las cuevas alemanas de Hohle Fels, que constituyen una mina arqueológica sin parangón de la cultura auriñaciense (Paleolítico Superior), han aportado nuevas evidencias de que la música era ya una práctica común hace 35.000 años, poco después de que los humanos modernos procedentes de África colonizaran Europa.
Tras unas fructíferas excavaciones llevadas a cabo en 2008 en las cuevas del suroeste de Alemania, Nicholas J. Conard, de la Universidad de Tubinga, y colegas se están enfrentando a la detallada descripción e identificación de grandes tesoros artísticos del Auriñaciense. Tan sólo unas semanas después de describir en Nature la figura femenina tallada en marfil más antigua hasta ahora conocida, salida de Hohle Fels, hoy publican, en la misma revista británica, los hallazgos de varias flautas en las mismas cuevas que se suman a la cada vez más amplia colección de instrumentos musicales, estatuillas y herramientas que han dado estos yacimientos. Las flautas aparecidas en esta región alemana son, de hecho, las evidencias convincentes más antiguas (anteriores a hace 30.000 años) de prácticas musicales humanas.
Funciones sociales
La cantidad de fragmentos y pequeñas piezas de instrumentos encontradas en la zona junto con restos de animales y herramientas dan cuenta de lo extendida que estaba la práctica musical en el Auriñaciense y de que la música cumplía funciones sociales diversas.
Al tratarse de una tradición ya arraigada hace 35.000 años, los arqueólogos concluyen que la música, como parte de otras expresiones artísticas y simbólicas de la época, contribuyó «al mantenimiento de redes sociales más grandes (…) y por lo tanto a la expansión territorial y demográfica de los humanos modernos en relación con las poblaciones de Neandertales, culturalmente más conservadores y demográficamente más aisladas», dice el artículo.
Las flautas son una reliquia típica de ese periodo, pero lo que distingue al reciente descubrimiento de los anteriores es que una de ellas, hecha con el radio de un buitre leonado, ha sido reconstruida casi al completo a partir de 12 fragmentos. Es, hasta ahora, la reconstrucción más completa de las flautas halladas en estas cuevas, cuyas piezas suelen estar sueltas y sin conexión con otras.
La flauta reconstruida mide 21,8 centímetros de largo y unos 8 milímetros de diámetro. En ella se identifican cinco orificios para colocar los dedos sobre ellos, así como dos hendiduras en forma de «V» en el extremo superior del tubo, por donde los músicos probablemente soplaban. La otra punta de la flauta, el extremo inferior, permanece rota por la mitad del quinto agujero.
Huesos de ave
A falta de una réplica con la que estudiar mejor sus cualidades musicales, los investigadores han comparado esta flauta con otra hallada anteriormente en las proximidades (en Geissenklösterle), ésta de tres orificios, que produce cuatro notas, más otras tres adicionales según cómo se sople. «Dado que la flauta de tres agujeros produce un rango de notas comparable a muchos tipos de flauta modernos, creemos que la de Hohle Fels ofrece un rango de notas y posibilidades musicales comparables o incluso mayores», escriben en su artículo.
Además de lograr la reconstrucción de la flauta de hueso, los arqueólogos han rescatado de su yacimiento de Hohle Fels pequeños fragmentos de lo que muy probablemente sean dos flautas de marfil, y una tercera pieza del yacimiento de Vogelherd. Aunque representan sólo piezas aisladas, el marfil aporta siempre más interés a los hallazgos debido a que requiere mucha mayor habilidad por parte del artesano.
A diferencia de los instrumentos con hueso de ave, para fabricar una flauta de marfil es necesario tallar en línea recta una pieza que es por naturaleza corva (como es el colmillo de un mamút). Pero además, para hacer el tubo hueco de la flauta, es necesario hacer un cuidadoso corte vertical de modo que la pieza quede cercenada simétricamente en dos, perforar el marfil para hacer los orificios, cavar el hueco en cada mitad y sellar las dos partes sin dejar aire atrapado ni fisuras.
Las flautas pertenecen a un yacimiento arqueológico muy estudiado de los albores del Paleolítico Superior, y los controles de termoluminiscencia y otros métodos indican que son anteriores a hace 35.000 años. Por su parte, la estratigrafía sugiere que podrían tener, incluso, 40.000 años de edad. Una edad nada desdeñable para la música humana.
Add comment 15 Agosto 2009
ESCULTURAS MUSICALES
ESCULTURA SONORA
Dos pequeñas esculturas de metal producen diferentes respuestas sonoras al ser percutidas
ESCULTURA AUDIOCINETICA
Este experimento del MTN Science Centre in Cape Town(South Africa) demando cinco meses de trabajo
UN ARPA EOLICA
Esta “Arpa del tiempo ” instalada en una plaza de Melbourne (Australia ) produce su sonido a traves de la accion del viento
Add comment 14 Agosto 2009
UN INCREIBLE CONCIERTO DE BOTELLAS
La Orquesta Sinfónica de Melbourne y la Orquesta Victoria en un “afinado” concierto de botellas
Add comment 14 Agosto 2009
ORQUESTA INTERCONTINENTAL
En esta orquesta dirigida por Andreas Vollenweider se interpretan instrumentos originarios de Africa, Europa, America y Asia
Add comment 14 Agosto 2009
