Red social de GIPEM
Ya se encuentra en pleno ejercicio y crecimiento nuestra red social!
Desde el mes de Febrero de 2010 que la inauguramos y YA TENEMOS MÁS DE 1000 Miembros!!!
Te invitamos también a unirte a los educadores, artistas y otros profesionales que se unen por este interés común.
te dejo una invitación:
Nana. Jaramar -Makochi Pitensin- on Vimeo
Nana. Jaramar -Makochi Pitensin-
aramar Soto canta para la furgonana (furgonana.com) Makochi Pitensin, una canción de cuna Náhuatl, del centro de México.
Makochi pitentsin, (Que duerma mi niño)
Manokoxteka pitelontsin, (que no despierte mi pequeñito)
makochi kochi noxokoyo. (mi niño, niño, mi niñito)
Manokochteka noxocoyotsin, (que no despierte mi pequeñito)
manokochteka nopitelontsin (que no despierte del dulce sueño)
makochi kochi pitentsin (mi niño, niño, mi dueñito)
Manokochteka pitelontsin, (que no despierte mi pequeñito)
manokochteka noxocoyotsin (que no despierte mi dulce sueño)
makochi kochi pitelontsin (mi niño, niño, mi sueñito)
Xikiyehua in xochitl, (guarda esta flor)
xikiyehua ipan moyojlo (guardala en tu corazón)
pampa nimitstlasotla, (porque te amo)
pampa nimitstlasotla, (porque te amo)
ika nochi moyojlo (con todo mi corazón)
sombra sombrita -clip curso-
Inteligencia Musical
La onda de actividad cerebral asociada a la anticipación es capturada
Traducción: Maira Gutiérrez Moreno –Voluntaria de GIPEM-
ScienceDaily (Mar. 4, 2009) — Neurocientíficos del Centro Médico de la Universidad de Georgetown han mostrado, por primera vez, cómo se ve la actividad cerebral cuando alguien anticipa una acción o un estímulo sensorial que se presentará pronto.

Utilizando imágenes obtenidas por Resonancia magnética funcional (fMRI) en un grupo de estudiantes voluntarios que llevaron con ellos sus CDs de música favoritos, los científicos examinaron las imágenes del cerebro durante el silencio entre las canciones y encontraron que este rebosaba de actividad (Crédito: Imagen cortesía del Centro Médico de la Universidad de Georgetown).1
En la edición del 25 de febrero del Journal of Neuroscience, se postula que esta clarividencia neural involucra una fuerte actividad en áreas del cerebro responsables de preparar el cuerpo para moverse.
Los descubrimientos se hicieron empleando imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI por sus siglas en inglés)2 en un grupo de estudiantes voluntarios que llevaron con ellos sus CDs de música favoritos. Los científicos examinaron las imágenes del cerebro durante el silencio entre las canciones y encontraron que este rebosaba de actividad. Otros estudiantes, que escucharon música que nunca habían oído en secuencia antes no tuvieron la misma actividad neural.
“Esto explica cómo es que, aún antes de que una canción anticipada sea realmente escuchada, una persona puede empezar a marcar el ritmo con los dedos o cantar la música que imaginan que vendrá a continuación” dice el Dr. Josef Rauschecker, director del Programa de Ciencias cognitivas y computacionales (PICCS, por sus siglas en inglés) en el Centro Médico de la Universidad de Georgetown.
Aunque tiene sentido que secuencias de canciones puedan ser memorizadas y por tanto anticipadas por un receptor, nadie había documentado antes la actividad cerebral que ocurre durante el silencio entre las canciones, menciona.
“El cerebro trabaja siempre mediante anticipación y predición, sin embargo, nadie ha mostrado cómo se percibe este trabajo en términos de acción neural”, afirma Rauschecker.
El doctor agrega que este mismo proceso, conocido como aprendizaje asociativo por claves, probablemente ocurre siempre que un ser humano está esperando que cualquier acción en particular suceda, sea esto en los deportes, en la música o en el lenguaje.
“Es la manera en que un esquiador se prepara mentalmente para seguir hacia abajo un curso conocido durante las Olimpiadas, o la manera en que un pianista sabe cómo mover sus dedos sobre el teclado para golpear la siguiente nota correcta”, dice Rauschecker.
Esto suena simple, pero no lo es, comenta. “No es trivial el hecho de almacenar una secuencia temporal en el cerebro porque el cerebro no tiene partes móviles como un reproductor de cintas musicales o un tocadiscos. El cerebro completo debe involucrarse porque debe estar listo para ejecutar ese secuencia”
En los estudiantes que conocían el orden de las canciones en su CD, los investigadores encontraron que durante los silencios de anticipación entre las canciones, ciertas señales de excitación pasaron de la corteza prefrontal a la corteza premotora cercana. La corteza prefrontal es el centro “ejecutivo” del cerebro, que planea y orquesta conductas cognitivas complejas. La corteza premotora y sus sistemas asociados, que incluyen los ganglios basales y el cerebelo, participa en la preparación del cuerpo para actuar –quizás para moverse o para cantar.
“Estas estructuras están involucradas tanto en el pensamiento como en la acción y parece ser que los patrones musicales se almacenan y se aprender en ellas” comenta Rauschecker.
“No habíamos anticipado esto” agrega riendo. “No sabíamos que las áreas premotoras estaban involucradas”.
Todos los animales tienen alguna habilidad para predecir cognitivamente la actividad motora, declara. “Esta es la razón por la cual un pájaro puede cantar. Pero los humanos somos los animales más asociativos, razón por la cual tenemos una corteza prefrontar tan amplia. Tenemos muchas secuencias que requerimos almacenar para poder predecir lo que deberíamos hacer”.
El estudio fue financiado con el subsidio de los Institutos Nacionales de Salud y la Fundación Nacional de Ciencia de Estados Unidos. Entre los colaboradores del estudio se encuentran el primer autor Amber Leaver, MS (Maestro en Ciencias); Jennifer Van Lare, BS (Bachiller en Ciencias) y los Doctores en Ciencias Brandon Zielinski y Andrea Halpern.
LluviaCoral
Primera evidencia de que la formación musical afecta el Desarrollo Cerebral en los niños pequeños
Traducido por Adriana Marcela Molano Pacheco –voluntaria de GIPEM-
ScienceDaily (Sep. 20, 2006) — Los investigadores han encontrado la primera evidencia de que los niños pequeños que toman clases de música muestran un desarrollo cerebral diferente y mejoran su memoria en el transcurso de un año, comparados con niños sin formación musical.

La mente de Andrea Unrau, estudiante de la Universidad McMaster, es leída por medio de una red de sensores que monitorea la actividad cerebral mientras se escucha música en el laboratorio (Fotografía tomada por Jason Jones)
Los hallazgos, publicados hoy (20 de septiembre de 2006) en la edición en línea del Journal Brain [1], muestran que los cerebros de los niños que asisten a clases extraescolares de música no solamente responden a la música de forma diferente que los niños que no lo hacen; la formación musical también mejora su memoria. Después de un año, los niños con estudios musicales tuvieron un mejor desempeño en un test de memoria que se correlaciona con habilidades intelectuales generales como el alfabetismo, la memoria verbal, el procesamiento viso-espacial, las matemáticas y el CI.
Los investigadores, quienes llevan a cabo sus estudios en Canadá, llegaron a estas conclusiones después de medir los cambios en las respuestas cerebrales a los sonidos en niños con edades entre los cuatro y seis años. Durante un período de un año, se hicieron cuatro mediciones en dos grupos de niños – aquellos que tomaban clases de música con el método Suzuki y aquellos que no recibían clases de este tipo fuera de la escuela – y encontraron cambios en el desarrollo durante períodos de tan solo cuatro meses. Mientras que estudios previos han mostrado que los niños mayores que recibieron clases de música tuvieron mayores progresos en sus puntajes de CI que los niños que asistieron a clases de teatro, éste es el primer estudio que identifica estos efectos en mediciones cerebrales en niños pequeños.
El Dr. Laurel Trainor, profesor de Psicología, Neurociencia y Comportamiento de la Universidad de McMaster y director del Instituto McMaster para la Música y La Mente, dijo: “Éste es el primer estudio que muestra que las respuestas cerebrales en niños pequeños, con y sin formación musical, cambian de forma diferente en el trascurso de un año. Es posible que estos cambios estén relacionados con el beneficio cognitivo que se observa con la formación musical”. El profesor Trainor dirigió el estudio junto con el Dr. Takako Fujioka, científico del Instituto de Investigaciones Baycrest’s Rotman.
El equipo de investigadores diseñó el estudio con el fin de investigar: (1) cómo maduraron las respuestas auditivas en los niños durante un período de un año, (2) si las respuestas a sonidos significativos, como los musicales, maduraron de forma diferente que las respuestas a ruidos y (3) cómo afectó la formación musical el desarrollo cerebral normal en niños pequeños.
Al comienzo del estudio, seis de los niños (cinco niños, una niña) acababan de comenzar sus estudios en la Escuela de Música Suzuki; los otros seis niños (cuatro niños, dos niñas) no recibieron clases particulares.
Los investigadores escogieron niños que estaban estudiando música con el método Suzuki por varias razones: esto aseguraba que los alumnos recibían la misma formación, los niños no fueron seleccionados para recibir entrenamiento musical de acuerdo a su talento musical inicial y todos tenían apoyo similar por parte de sus familias. Además, como no habían recibido formación previa en lectura de música, el método Suzuki proporcionó a los investigadores un buen modelo de cómo la formación en actividades auditivas, sensoriales y motoras induce cambios en la corteza cerebral. La actividad cerebral fue medida por medio de la Magnetoencefalografía (MEG) mientras los niños escuchaban dos tipos de sonidos: el sonido de un violín y ruido blanco. La MEG es una tecnología de escaneo cerebral no invasiva que mide los campos magnéticos fuera de la cabeza asociados con los campos eléctricos generados cuando grupos de neuronas (células nerviosas) se activan de forma sincronizada. Cuando se escucha un sonido, el cerebro procesa la información proveniente de los oídos en una serie de etapas. La MEG proporciona información milisegundo a milisegundo que rastrea estas etapas de procesamiento; las etapas aparecen como desviaciones (o picos) positivas o negativas, llamadas componentes, en la onda MEG. Los primeros picos tienden a reflejar el procesamiento sensorial y los últimos picos, el procesamiento perceptual o cognitivo.
Los investigadores grabaron las mediciones cuatro veces durante el año. En la primera y cuarta sesiones, los niños también completaron un test musical (en el que se les pidió distinguir entre armonías, ritmos y melodías similares y diferentes) y una prueba de retención de dígitos (en la que tuvieron que escuchar una serie de números, recordarlos y repetírselos al investigador).
El análisis de las respuestas MEG mostró en todos los niños mayor respuesta a los sonidos del violín que al ruido blanco, lo que indica que se invirtieron más recursos corticales en el procesamiento de los sonidos significativos. Adicionalmente, el tiempo que el cerebro se demoró en responder a los sonidos (la latencia de ciertos componentes de la MEG) disminuyó en el transcurso del año. Esto quiere decir que a medida que los niños maduraban, la conducción eléctrica entre neuronas en el cerebro fue más rápida.
Aún más interesante fue que los niños Suzuki mostraron durante el año un mayor cambio en su respuesta a los sonidos del violín en un componente MEG (N250m) relacionado con la atención y la diferenciación del sonido que los niños que no tomaban clases de música.
El profesor Trainor dijo: “que los niños que estudiaron música por un año mejoraran en las habilidades de escucha musical más que aquellos que no lo hicieron tal vez no es muy sorprendente. Por otra parte, es muy interesante que los niños que tomaban clases de música mejoraran más en un año en las habilidades de memoria generales que se correlacionan con destrezas como el alfabetismo, memoria verbal, procesamiento viso-espacial, matemáticas y CI, que los niños que no las tomaban. El hallazgo de una maduración muy rápida del componente N250m a los sonidos del violín en niños que asisten a clases de música encaja con su mayor mejoría en el test de memoria. Esto sugiere que la formación musical tiene un efecto en la forma como el cerebro es conectado por el funcionamiento cognitivo general relacionado con la memoria y la atención”.
El Dr. Fujioka agregó: “los trabajos anteriores han mostrado que recibir formación musical está asociado con el aumento en el CI de los niños en edad escolar. Nuestro trabajo explora la forma como la formación musical afecta la manera en la que el cerebro se desarrolla. Es claro que la música es buena para el desarrollo cognitivo de los niños y que ésta debería ser parte de los currículos de preescolar y primaria”.
La próxima fase del estudio será indagar sobre los beneficios de la formación musical en adultos mayores.
http://www.sciencedaily.com/releases/2006/09/060920093024.htm
la música y los recuerdos
A veces una melodía, una voz, un acorde, nos transporta a otro tiempo que revive recuerdos agradables. Pero en ocasiones la música se convierte en una terrible tortura, cuando se repite una y otra vez dentro de la cabeza, son las llamadas melodías pegajosas.
Prácticamente, todas las personas han soportado con cierto estoicismo la repetición de una melodía dentro de la cabeza, inclusive se llega a tararear al parecer involuntariamente, hasta que horas después se va de nuestra mente y vuelve la armonía cerebral.
Con la música a otra parte
Ese fenómeno recurrente e inexplicable ha merecido la atención de psicólogos, neurofisiólogos, educadores, compositores de música comercial y, por supuesto, publicistas, todos con diferentes intereses, pero con un mismo objetivo: descubrir los mecanismos por los cuales el cerebro se convierte temporalmente en la caja de resonancia de una melodía pegajosa.
Probablemente ya se encontró una respuesta parcial a este enigma. Investigadores del Departamento de Psicología y Ciencia del Cerebro, de Dartmouth, Estados Unidos, encontraron un área cerebral que sigue activa una vez que se ha escuchado una melodía pegajosa.
Los investigadores expusieron a varios voluntarios a diferentes melodías mientras registraban su actividad cerebral. Durante el experimento, en el que incluyeron una obra clásica de los Rolling Stones (Satisfaction) y los compases de identificación de La Pantera Rosa, de Henry Mancini, en otras, se monitorearon las diferentes áreas cerebrales para buscar respuestas diferentes a los estímulos auditivos.
Se encontró que cuando los voluntarios señalaban que traían la tonada en la cabeza, también seguía activa un área en la corteza auditiva, incluso los voluntarios aseguraban que podían seguir escuchando las melodías en su cabeza.
Esas personas no podían evitar que las canciones continuaran en su mente, cuando eso sucedía, la corteza auditiva permanecía activa aun cuando la música hubiera dejado de sonar, refirió David Kraemer, quien encabezó la investigación.
Este hallazgo parece confirmar lo que la sabiduría popular ya conocía, que cierto tipo de música se “pega” al cerebro o, más ilustrativamente, se tiene un gusano del oído (earworm), como llaman a este fenómeno en habla inglesa. Efectivamente, parece un gusano que taladra el oído v avanza de tal manera que no se puede más que repetir en la mente una y otra vez la pieza musical.
Por esta razón, también se le ha llamado “comezón del cerebro”, ya que sólo se calma un poco la sensación desagradable si se repite la melodía, como cuando se tiene un piquete de mosco. A la vez que se siente alivio, aumenta el malestar o la falta de sintonía con los estímulos externos, pues llega a interrumpir las actividades cotidianas.
¿De qué están hechos los recuerdos?
Al margen de la sensación desagradable de las melodías pegajosas, gracias a este fenómeno se puede empezar a comprender cómo se forman los elementos que actúan en la memoria de los seres humanos, señalan los investigadores. Se considera que trabajos posteriores podrán definir los caminos que siguen una vivencia, un poema o una canción para fijarse en nuestra mente.
Estos trabajos, unidos a otros realizados también en Darmouth, parecen confirmar que diferentes partes del cerebro se activan cuando se escucha una melodía pegajosa. El profesor Peter Janata, de la Universidad de Darmouth, efectuó una investigación semejante a la anterior, pero con voluntarios que escucharon una serie de notas musicales (no una pieza).
“Una parte del cerebro –afirmó el investigador– respondía con una melodía en Sol mayor o Fa menor y otra parte del circuito sólo respondía cuando, por ejemplo, la melodía era en Fa mayor”
Nuevas investigaciones podrán corroborar esos hallazgos. Inclusive podrán determinar en qué ritmo y en qué tono las notas musicales pueden convertirse en melodías pegajosas, lo cual será “música para los oídos” de los publicistas, quienes requieren la repetición de sus lemas y productos
Entre tanto, investigadores de la Universidad de Hong Kong encontraron que los niños que reciben clases de música tienen mejor memoria verbal que quienes no reciben este entrenamiento auditivo.
El experimento se realizó con 90 niños de entre 6 y 15 años, en los cuales las lecciones musicales estimularon el hemisferio izquierdo del cerebro, que es el que controla el aprendizaje verbal. Por esta razón, la doctora Agnes Chan, integrante del equipo de investigadores, señaló la superioridad de los niños que reciben clases de música, pues “los estudiantes que desarrollan una mejor memoria verbal tendrán más facilidad para aprender en la escuela”.
Sin embargo, se requieren más investigaciones y experimentos para confirmar que los recuerdos están hechos de música, además de olores, y que la memoria se refuerza con esos estímulos auditivos.
http://www.sciencedaily.com/releases/2006/09/060920093024.htm
Los sonidos perdidos de la orquesta
Traducido por: Merche Maldonado –Voluntaria de GIPEM-
El pasado septiembre, la iSGTW informó sobre el regreso de los epigonion, un antiguo instrumento griego de cuerda de madera que se asemeja a un arpa. Los instrumentos antiguos se pueden perder porque son demasiado difíciles de construir, o muy difíciles de tocar, pero la epigonion se escuchó de nuevo después de ASTRA (Aplicación de la reconstrucción del Sonido/Timbre de instrumentos antiguos) recrea su red usando el sonido habilitado para los modelos computacionales.
Los más antiguos son los instrumentos que se oían antes, después de la organización oficial La Orquesta de Sonidos Perdidos finaliza sus preparativos para una presentación única a finales de verano.
Tras haber logrado reconstruir el sonido de la epigonion, ASTRA está trabajando en toda una serie de otros instrumentos perdidos incluyendo la Barbitono (base de una guitarra antigua), la siringa (una flauta de pan), un antiguo tambor del marco inferior del Mediterráneo, la trompa (un tipo de trompeta antigua) y el aulos (un oboe antiguo).
En muchos aspectos, La Orquesta de Sonidos Perdidos de ASTRA es como cualquier otra orquesta – con músicos reales, ensayos y actuaciones – excepto su objetivo que es ofrecer a su audiencia un mundo completamente nuevo de música. Los sonidos de la Barbitono y el marco de tambor en la actualidad se está ultimando, mientras que un guitarrista tiene que familiarizarse con el epigonion y al uso de su Barbitono, especialmente adaptada la guitarra MIDI eléctrica, que ha sido programada con los sonidos perdidos. (MIDI, o “Interfz Digital de Sonidos Musicales”, es un protocolo estándar que permite a los instrumentos musicales electrónicos, teclados, computadoras y otros equipos electrónicos de comunicación, el control y la sincronización con los demás.) Los sonidos de la trompa debe también completarse a finales de verano.
“La preparación va muy bien”, comenta Domenico Vicinanza, el coordinador técnico del proyecto. “Es un proceso largo, extraño y fascinante. Junto con el coordinador artístico, estamos eligiendo las piezas y la adaptación de la orquestación del conjunto único que tenemos. ¡Todo el mundo está muy emocionado! “
La reconstrucción de los sonidos
Una técnica llamada síntesis de modelado físico se utiliza para reconstruir los sonidos de los instrumentos perdidos. Las ecuaciones y los algoritmos describen la estructura física del instrumento, mientras que los sonidos son generados por el modelado como un sistema mecánico con diferentes configuraciones para cada nota.
En otras palabras, cada instrumento se define por un conjunto de valores constantes (por ejemplo, sus dimensiones y propiedades de los materiales), junto con un conjunto de funciones dependientes del tiempo (cómo el músico interactúa con él). Por ejemplo, el marco del tambor está modelado por la definición de constantes como la rigidez y densidad de la membrana, mientras que una fórmula libera la energía inyectada en el sistema cuando se golpea con una fuerza particular por el músico, produciendo una nota única.
En sus esfuerzos por recrear los sonidos del pasado no son sólo se detienten en los instrumentos, como el coordinador artístico del proyecto Francesco De Mattia explica: “Estamos trabajando en el modelado de los entornos antiguos – las habitaciones, lugares, etcétera – donde se tocaba la música, tratando de describrir cómo cambia el entorno físico, y modificar los timbres y sonidos para tener una comprensión mejor de todo el mundo musical, una imagen completa del escenario sonoro del pasado”.
El ambicioso proyecto es en gran medida un esfuerzo multidisciplinario, que incluye no sólo a los informáticos y los músicos, sino también historiadores, físicos, arqueólogos e ingenieros. Para reconstruir los instrumentos, se tiene en cuenta una amplia gama de datos arqueológicos, a partir de descripciones escritas de los fragmentos de excavaciones y las fotos en las urnas antiguas. El equipo de ASTRA está en contacto con el Museo de Bellas Artes de Boston, donde una trompa muy bien conservada, reside, para recoger datos adicionales de imágenes de alta resolución a la entrada en su modelo.
Debido a la complejidad del proceso de modelado físico, se necesitaría un equipo de escritorio de gran alcance de cuatro horas para producir un solo sonido de 30 segundos de duración. Para acelerar el procedimiento y alcanzar la potencia de procesamiento necesaria, los modelos Astra se ejecutan simultáneamente en cientos de computadoras en toda Europa y la zona inferior del Mediterráneo con las infraestructuras Gilda y EUMEDGRID, que vinculan los recursos informáticos a través de la GÉANT2 y redes de investigación EUMEDCONNECT de hasta 2,5 Gbps, utilizando el middleware de EGEE.
Tócala otra vez
El epigonion ya se ha escuchado en vivo, junto a un cuarteto de cuerdas en el concierto de la Cena de Gala Terena TNC’09, interpretando una amplia variedad de música que van desde el barroco hasta la música de Frank Sinatra. El pianista contemporáneo Ramin Bahrami también desempeñó el epigonion en julio de este año en su Considerando Bach en Nápoles.
De Mattia está muy entusiasmado con el reto de tocar el epigonion de la Orquesta de los Sonidos Perdidos. “Hacer instrumentos sin prácticamente límites técnicos es un proceso continuo, un reto maravilloso como músico y director de orquesta. Decidiendo cómo tocar, cómo interactuar, qué interfaz usar, qué tratamiento, qué sonido se busca. Sinceramente, el único desafío verdadero al que tengo que hacer frente es a mí mismo “.
La generación de Los Sonidos Perdidos utiliza modelos de ordenador, más que la reconstrucción física de los instrumentos, en última instancia, más personas podrán tener acceso y escuchar a través de las bibliotecas de sonido. La Orquesta de los Sonidos Perdidos está organizando un proyecto especial dedicado a la música de Doménico Scarlatti, estableciendo una red a través de la cual los músicos de todo el mundo pronto serán capaces de tocar el epigonion utilizando un teclado MIDI y grabar una sonata utilizando su ordenador personal
“El resultado final será algo especial”, se entusiasma Vicinanza. “La red será la herramienta para reunir a personas con diferentes experiencias, diferentes orígenes, pero la música se habla como idioma común.”
-Seth Bell, iSGTW