Ley de Mecenazgo: el mecenas VIP

7 junio 2013 at 7:30 pm Deja un comentario

Ley de Mecenazgo: el mecenas VIP

Fuente: Diario Z

Hernán_Lombard_ministro _de_ Cultura_porteño

En 2006, la Ciudad de Buenos Aires aprobó una ley de mecenazgo pionera en el país. Desde que se puso en práctica, a fines de 2009, permitió financiar más de 220 proyectos con presupuestos que van de 10 mil a 1,3 millón de pesos: hubo ediciones de discos, armado de archivos o restauraciones de edificios. Sin embargo, el aspecto más revolucionario de la ley (la posibilidad de que surjan minimecenas, monotributistas o comerciantes que ceden a un proyecto artístico lo que pagan de ingresos brutos) casi no ha tenido eco. Hasta ahora, la mayoría de los proyectos que pudieron juntar dinero lo hicieron con aportes de empresas grandes.

La dificultad para atraer a esos pequeños mecenas ahora se topa además con un “problema técnico” que desde el área de Mecenazgo le achacan a la Dirección General de Rentas de la Ciudad: hoy las personas que pagan ingresos brutos por régimen simplificado no pueden destinar sus aportes a actividades culturales a pesar de que esta ley en teoría se los permite.
Hasta ahora, se ha hecho una convocatoria por año. Los candidatos primero deben ser aprobados por el Consejo de Promoción Cultural (integrado por representantes del Ejecutivo, la Legislatura y especialistas de cada disciplina); si es aprobado su proyecto, el titular debe empezar a buscar mecenas. Cuando lo que recauda llega al 80 por ciento de su presupuesto, pueden empezar a usar la plata. Si no superan ese porcentaje a los dos años, el proyecto se da de baja.

Los cineastas Juan Villegas y Alejandro Lingenti presentaron, en 2009, el proyecto para adaptar una novela del escritor Fabián Casas, Ocio. Fue uno de los 179 proyectos seleccionados en esa primera convocatoria pero no encontraron mecenas. Igual filmaron la película y la estrenaron en 2010.

La impresión que le quedó a Villegas fue que los proyectos de esa primera convocatoria que sí encontraron mecenas (69 en total) no lo hicieron “con apoyos de particulares o empresas chicas, como era el espíritu de la ley, sino con el apoyo de bancos o empresas más grandes”. Por eso, Villegas cree que hace falta un rol más activo por parte del
Gobierno para que todos los participantes puedan tener acceso a esas empresas. “Creo que sería bueno generar encuentros o armar presentaciones de proyectos públicas”, dice.

El artículo 4 de la ley 2.264, de hecho, apunta en esa dirección. Habla de crear un registro en el que no sólo aparezcan los proyectos que buscan financiación, sino también los aspirantes a mecenas. Hasta ahora, ese registro no existe. En el área de Mecenazgo (que depende del Ministerio de Cultura) aseguran que se está haciendo, pero como la ley no establecía un plazo, se atendió a otras prioridades durante estos cuatro años.

Jimena Néspolo, directora de la revista Boca de Sapo, en 2010 logró reunir 13 mil pesos a través de mecenazgo: fue gracias al aporte de un banco que los contactó espontáneamente. Al año siguiente, necesitaban juntar 30 mil pero el banco les dijo que había decidido aportar en otros proyectos y no lograron encontrar mecenas. En enero de 2013, tras 14 números publicados durante los últimos tres años, la revista cerró.

Una de sus principales quejas sobre el funcionamiento del mecenazgo es que no hay un listado de empresas interesadas. “Este modo de actuar invita a suponer dos cosas: que la gente a la que beneficia el régimen toma el té con Elenita Fortabat o que uno tiene que estar dispuesto a pagar una cometa o un gestor. Si hay una comisión que te evalúa y te aprueba, la conexión con las empresas debería ser automática. Si no, la realización está supeditada a que tu proyecto le sea simpático o funcional al banco o empresa equis”, dice.

El artista plástico Juan Rey cree que, en realidad, es fundamental reconocer que el mecenazgo “para las empresas es una herramienta de marketing”. Entre 2010 y 2011, Rey presentó tres proyectos que cruzan las artes plásticas y la informática: uno no lo aprobó el comité, otro se lo aprobaron pero no consiguió fondos y el tercero, la instalación Illuminare, acaba de recibir un aporte de una telefónica.

“Era obvio que si yo iba con mi proyecto a una empresa de mermelada no iba a interesar, pero en cambio por ahí tenía suerte con proveedores de materiales informáticos. Construir esa red, buscar quienes son los encargados de marketing de esas empresas, es lo más difícil para el artista porque cuesta salir del taller. Pero a la vez, te permite armar una muestra sin tener un galerista o un intermediario”, dice.

El monto anual máximo que la ley permite destinar a mecenazgo es el 1,10 por ciento de lo que la Ciudad recauda por ingresos brutos. Eso supone que, de acuerdo con los datos de la AGIP de 2012, en 2013 podrían llegar a destinarse 200 millones de pesos a proyectos culturales por esta vía. Una cifra, por ahora, muy lejos de la realidad: la suma de lo recaudado por todos los proyectos aprobados en 2009 da unos 5,7 millones de pesos, por ejemplo.

La ley distingue entre dos tipos de aportes cuando se trata de empresas: patrocinadores, que ponen la mitad del aporte ellos y pueden hacer que su nombre aparezca asociado al proyecto, o benefactores, que deducen el 100% del aporte de sus impuestos, pero son anónimos.

Sin embargo, para “incentivar y dar a conocer la herramienta”, el gobierno porteño permitió que en las primeras convocatorias las empresas pudieran promocionar su trabajo como mecenas aun cuando todo el dinero salía de lo que deducen de impuesto.

MUSEOS DE LA CIUDAD

Entre los proyectos que han logrado financiación a través de mecenazgo hay particulares, murgas o grupos teatrales, pero también muchas asociaciones de amigos de museos municipales como el Mamba y sobre todo el Isaac Fernández Blanco, que hasta ahora es el rey del mecenazgo con casi una docena de proyectos financiados y cuatro más aprobados en la última convocatoria.

Jorge Cometti, el director del museo, cuenta que en estos cuatro años han financiado desde restauraciones de instrumentos musicales antiguos hasta grabaciones de discos de música barroca a cargo de un grupo residente. “Es cierto que nuestra participación genera algunas discusiones sobre si no partimos con ventaja respecto a proyectos particulares o si es una herramienta legítima de financiación. Yo creo que en esto entra una cuestión ética, creo que el mecenazgo en museos se debe usar para apostar por proyectos complementarios y nunca por obras o infraestructura que debería cubrir el presupuesto”.

La sensación que comparten varios artistas que participaron de las convocatorias pero no pudieron juntar los fondos es que el sistema está pensado para asociaciones con una estructura y red de contactos amplias (como las de los museos o privados: a PROA por ejemplo le aprobaron un proyecto en la última convocatoria) o para artistas que ya tienen apalabrado un mecenas, pero no para gente que quiere salir a buscarlos.

El cineasta Estanislao Buisel Quintana cuenta que fue justamente eso lo que a él le permitió presentarse a la convocatoria de mecenazgo 2011 y mientras poder comenzar a filmar su largometraje Barroco, que se estrenó en el Festival de San Sebastián y este año se verá en el Bafici. “La búsqueda de aportes tiene mucho que ver con el presupuesto de lo que vas a hacer. Para esta película necesitaba 100 mil pesos, yo hice más o menos un cálculo y para llegar a esa cifra en un aporte necesitaba una empresa que facture más de 76 millones de pesos”, cuenta.

Como tenía un contacto con una importante empresa de medicina prepaga, hizo un acuerdo de palabra y mientras le aprobaban el proyecto comenzó a filmar sabiendo que podría recuperar la plata. “La ley es una fuente de financiación alternativa interesante, pero en este sentido creo que tiene algo un poco perverso, que es un poco elitista: si no tenés un contacto con el sector empresarial o con algún millonario, estás frito”.

Fuente: Redacción Z

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