Posts tagged ‘ciencia’

DISTONÍA FOCAL EN EL MÚSICO

La distonía focal es una alteración que guarda estrecha relación con los síndromes de sobreuso y su aparición está propiciada por un trabajo intenso de repetición.
Dado que la práctica musical precisa de un importante entrenamiento psicomotor, es clara la relación entre la actividad musical y la aparición de problemas tales como esta patología.
Actualmente, está reconocido que los artistas padecen problemas derivados de su ocupación y su estilo de vida.
La constante demanda de perfección, los largos periodos de intensa práctica en posturas incómodas, la importante competencia, la inseguridad laboral y los altos niveles de angustia, son condicionantes que ponen a los músicos en una clara situación de riesgo para el desarrollo de problemas médicos.   Ver más en http://www.efisioterapia.net/articulos/distonia-focal-musicoImage

6 diciembre 2013 at 1:00 pm Deja un comentario

¿Cómo funciona el oído?

Dr. Pedro Barrea Publicado Medline 12/09/03

¿Has oído algo? Tal vez el sonido que has oído era tan leve como el que hace tu gata al lamerse. O tal vez ha sido un sonido fuerte, como el de un carrito de helados al pasar. Los sonidos están por todas partes, y tu tienes dos partes del cuerpo muy ingeniosas que te ayudarán a escucharlo todo -¡tus oídos! Tus oídos se encargan de recoger los sonidos, procesarlos y mandar señales sonoras al cerebro. Y eso no es todo: tus oídos también te ayudan a mantener el equilibrio. Así que si se te caen algunas monedas mientras vas corriendo hacia el carrito de helados, los oídos se aseguran de que no te caigas cuando te agachas para recogerlas.

El oído está formado por tres secciones diferentes: el oído externo, el oído medio y el oído interno. Estas partes trabajan juntas, para que puedas oír y procesar sonidos todo el día, cada día.

El oído externo: capta la onda

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El oído externo recibe también el nombre de pabellón de la oreja o aurícula y esta es la parte que se puede ver. Es donde la gente se hace agujeros para llevar pendientes y donde un amigo te susurra algo cuando te cuenta un secreto. El oído externo recoge los sonidos. El sonido viaja en ondas invisibles a través del aire y el oído externo los recoge. Después de entrar, el sonido viaja hasta el conducto auditivo externo antes de llegar al oído medio. La otra tarea del conducto auditivo es proteger a las demás partes del oído fabricando cera. La cera tiene unos componentes químicos especiales que combaten las infecciones que podrían lesionar la piel dentro del conducto auditivo. También atrapa partículas de suciedad para ayudar a mantener el conducto auditivo limpio. Así que la cera no es sólo algo asqueroso, ¡sirve para algunas cosas!

El oído medio: ¡Buenas vibraciones!

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El conducto auditivo externo conduce al oído medio. La función del oído medio es recoger las ondas de sonido que recibe del oído externo, convertirlas en vibraciones y llevarlas hasta el oído interno. Esto lo hace usando el tímpano (que en realidad separa el oído externo del oído medio) y los tres huesos más pequeños y delicados del cuerpo llamados osículos. El tímpano es un trozo de piel delgada adherida al primer osículo, un pequeño hueso llamado martillo. El martillo está unido a otro pequeño hueso llamado yunque. Y finalmente, el yunque está unido al hueso más pequeño de todo el cuerpo, el estribo.

Cuando las ondas de sonido llegan hasta el conducto auditivo externo y al tímpano, éste empieza a vibrar. Las vibraciones pasan por los tres pequeños huesos -el martillo, el yunque y el estribo. Estos tres huesos transfieren estas vibraciones a la parte más profunda del oído: el oído interno.

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El oído medio también tiene otra misión. ¡Ayuda a que el tímpano soporte la presión! El oído medio está conectado a la parte posterior de la nariz por un conducto estrecho llamado trompa de Eustaquio. La trompa de Eustaquio y el oído medio mantienen la misma presión del aire en ambos lados del tímpano. Normalmente el conducto permanece cerrado a menos que bosteces o tragues, y probablemente hayas sentido cómo se abre la trompa de Eustaquio si has viajado en avión o has subido a una montaña. Cuando estás a una altura muy elevada, como cuando vuelas, sientes como tus oídos se “destapan”. En realidad es la trompa de Eustaquio que se abre para asegurarse de que la presión del aire es la misma en ambos lados del tímpano para que el tímpano pueda funcionar adecuadamente y no sufra lesiones.

El oído interno: ¡las señales nerviosas empiezan aquí!

Después de que las ondas sonoras se conviertan en vibraciones en el oído medio, entran en el oído interno. Las vibraciones llegan a la cóclea, un conducto pequeño y enroscado en el oído interno. La cóclea está llena de líquido y recubierta de células con miles de pelitos en la superficie. Estos pelitos no son como los que tienes en la cabeza o en los brazos -son más pequeños y sólo pueden verse con un microscopio.

Cuando las vibraciones del sonido tocan el líquido de la cóclea, el líquido empieza a vibrar. Y cuando lo hace, esos pelitos se mueven. Los pelitos convierten entonces las vibraciones en señales nerviosas para que el cerebro pueda comprender el sonido. (¡Al cerebro le gusta recibir mensajes en su propio lenguaje -¡el lenguaje de las señales nerviosas!) Una vez que las señales nerviosas llegan al cerebro, éste puede interpretarlas. “¡Eh, están tocando mi canción favorita en la radio!” El cerebro no podría reconocer los sonidos sin toda la ayuda que recibe de las distintas partes del oído.

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De día o de noche, los oídos te mantienen derecho

Los oídos hacen más cosas que simplemente escuchar -también te ayudan a mantener el equilibrio. En el oído interno, hay tres pequeños bucles llamados conductos semicirculares. Están situados justo encima de la cóclea. Estos pequeños bucles tienen mucho en común con la cóclea: están llenos de líquido y tienen miles de pelitos microscópicos. Pero tienen una función diferente: la cóclea sirve para oír y los conductos semicirculares para el equilibrio.

¿Qué evita que te caigas al suelo cuando te agachas para tocar los dedos de los pies en la clase de gimnasia? Pues todo lo que sucede en tus conductos semicirculares. Cuando mueves la cabeza, el líquido en los conductos semicirculares se mueve también. El líquido mueve los pelillos, que envían un mensaje nervioso al cerebro sobre la posición de tu cabeza. En menos de un segundo, el cerebro averigua dónde está tu cabeza y a qué músculos enviar mensajes para que mantengas el equilibrio.

A veces, el líquido en tus conductos semicirculares sigue moviéndose después de que tú te hayas dejado de mover. Prueba llenar una taza hasta la mitad con agua. Ahora muévela un poco y luego para. ¿Notas cómo el agua sigue moviéndose aunque la taza esté quieta? Esto es lo que sucede en tus conductos semicirculares cuando das muchas vueltas o te subes a un juego en el parque se diversiones. Cuando dejas de hacerlo, el líquido aún se mueve y los pelitos aún están mandando mensajes sobre la posición de la cabeza. Aunque estás mirando hacia delante y tus ojos le están diciendo a tu cerebro que estás quieto. Por eso, podrías sentirte mareado -el cerebro está confundido acerca de la posición de la cabeza. Una vez que el líquido deja de moverse, el cerebro recibe el mensaje correcto y te sientes mejor.

¡Tres vivas por el oído!

Bueno, como has visto, tus oídos son geniales -¡procesan los sonidos de tu alrededor e impiden que pierdas el equilibrio! Recogen las ondas de sonido de tu reloj despertador, transforman las ondas en vibraciones y las vibraciones en impulsos nerviosos, para que el cerebro pueda decir, “¡Despertador! ¡Esto quiere decir que es hora de levantarse!” Los oídos te mantienen en equilibrio cuando metes la cabeza en la caja de cereales para encontrar el premio durante el desayuno y cuando te agachas para alcanzar la mochila de la escuela. Trata bien a tus oídos y no metas nada dentro de ellos -esto podría dañar el conducto auditivo o el tímpano. Y es una buena idea tener cuidado cuando el sonido es realmente fuerte porque puede lesionarte los oídos. Lleva tapones a los conciertos con música muy alta, mantén el volumen lo más bajo posible en tu estéreo y lleva siempre protección para los oídos si utilizas algún aparato que haga mucho ruido como los que trabajan la madera o los metales. Seguro que quieres que tus oídos lo oigan todo -desde el mínimo chirrido de un grillo en el bosque hasta el partido de baloncesto más ruidoso en el gimnasio. ¡Tres vivas por los oídos!

Qué es la cera de los oídos?

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Es pegajosa. Es arenosa. Es reluciente. Pero ¿qué es realmente la cera de los oídos? Y ¿de dónde viene?

La cera de los oídos se fabrica en el canal auditivo externo. No puedes ver esta parte de tu oído -es la zona entre la parte carnosa de la oreja en el exterior de la cabeza (la parte que puedes ver) y el oído medio. La piel del canal auditivo externo contiene unas glándulas especiales que producen la cera de los oídos. El nombre técnico para esta materia cerosa es cerumen.

Después de producirse la cera, ésta llega lentamente a través del canal auditivo externo hasta la apertura del oído. Aquí es donde la cera cae al exterior o se elimina cuando te lavas. En la mayoría de las personas, el canal auditivo externo está de servicio todo el tiempo fabricando cera, así que el canal auditivo siempre tiene suficiente cera en su interior.

Pero ¿por qué necesitamos la cera?

La cera de los oídos tiene dos funciones importantes. En primer lugar, contiene sustancias químicas especiales que combaten las infecciones que podrían dañar la piel del interior del canal auditivo. En segundo lugar, actúa como un escudo entre el mundo exterior y el tímpano. Cuando el polvo, la suciedad y otras sustancias se te meten en el oído, la cera los atrapa e inmoviliza allí, para que no puedan avanzar más.

Si quieres deshacerte de la cera, presta mucha atención a lo que debes hacer: ¡nada! La mayoría de niños no necesita hacer nada especial para eliminar la cera de los oídos. Si te lavas el pelo regularmente, esto basta para mantener limpios tus oídos. No uses nunca un palillo de algodón para los oídos, tu dedo o cualquier otra cosa para eliminar la cera de los oídos. Tu canal auditivo y el tímpano son muy delicados, y puedes dañarlos o hacerles sangrar intentando quitarte la cera de esa manera. Hurgarte en el oído también puede empujar y acumular la cera más adentro.

Algunos niños tienen uno o los dos canales auditivos que fabrican cera extra. Si este parece ser tu caso, díselo a un adulto. Muchas veces, los médicos pueden prescribir medicamentos especiales que se colocan en el oído para eliminar el exceso de cera.

http:// http://www.pediatraldia.cl

11 enero 2013 at 9:43 pm Deja un comentario

La inteligencia musical

La ultima frontera puede no ser el espacio exterior sino lo más profundo del cerebro humano. Dentro de los surcos de nuestra materia gris hay un misterioso y poderoso universo que define quienes somos y cómo vemos la realidad.

Recientemente los científicos descubrieron una gran llave que abre muchos secretos del cerebro: la música.

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12 enero 2010 at 12:51 pm Deja un comentario

La música y los recuerdos

A veces una melodía, una voz, un acorde, nos transporta a otro tiempo que revive recuerdos agradables. Pero en ocasiones la música se convierte en una terrible tortura, cuando se repite una y otra vez dentro de la cabeza, son las llamadas melodías pegajosas.

Prácticamente,

todas las personas han soportado con cierto estoicismo la repetición de una melodía dentro de la cabeza, inclusive se llega a tararear al parecer involuntariamente, hasta que horas después se va de nuestra mente y vuelve la armonía cerebral…

Continue Reading 16 diciembre 2009 at 10:14 pm Deja un comentario

La música es el espejo de la mente

Un estudio descubre patrones comunes entre la música y la actividad cerebral

Un estudio desarrollado por científicos norteamericanos ha comprobado la antigua suposición de que la música y el cerebro están profundamente conectados. Utilizando un complejo análisis estadístico que compara los procesos neuronales y las melodías, este estudio ha revelado que ambos presentan patrones comunes. Eso significa que, probablemente, la música es un reflejo de la mente del compositor y explicaría por qué el cerebro produce emociones que van mucho más allá de los estímulos meramente auditivos cuando percibe la música. Por Yaiza Martínez.


Un equipo de físicos liderado por Simona Bianco y Paolo Grigolini, del Center for Nonlinear Science de la universidad de North Texas (en Estados Unidos) ha llevado a cabo una investigación cuyos resultados demuestran que existe una curiosa conexión entre la música y el cerebro.

Un detallado y complejo análisis estadístico de los procesos inherentes a ambos reveló que entre ellos hay grandes similitudes, en concreto, entre las distribuciones producidas por las composiciones musicales y la actividad cerebral.

Análisis de patrones

Los investigadores monitorizaron la actividad del cerebro utilizando la electroencefalografía (EEG, que es una técnica que permite registrar las señales eléctricas de la superficie del cerebro. Esta técnica se utiliza en neurofisiología para diagnóstico de enfermedades y lesiones cerebrales. Por otro lado, se analizaron composiciones musicales en función de ciertos parámetros, como la melodía, la armonía, el ritmo, el tono y el timbre, entre otros factores, según publica APS.

Posteriormente, los científicos realizaron sendos mapas de la actividad cerebral y de las composiciones, por regiones destacadas en función de los saltos de cambios significativos acaecidos en ambos durante el registro, descubriendo así que existía una similitud entre los patrones de las señales eléctricas del cerebro y los de la música.

Índice de complejidad

Además, el equipo determinó un índice de complejidad tanto para las composiciones y las funciones cerebrales que consistía en un número que describía la intrincación de ambos procesos. También este índice resultó en los dos casos parecido.

Como conclusión, los científicos han señalado que el estudio sugiere que ambas estructuras serían auto-organizativas, aunque en el caso de la música, probablemente esta auto-organización sea un reflejo de la mente auto-organizada de su compositor.

Según un detallado artículo aparecido en la revista Physical Review E, escrito por los autores de la investigación, en futuros estudios el equipo profundizará en la relación entre mente y música, monitorizando la actividad cerebral de participantes que estén escuchando música.

De esta forma, esperan determinar si la actividad de nuestro cerebro se ve afectada por la complejidad de las composiciones musicales. Además buscarán “acoplamientos” en los que la complejidad de la música se asimile a la actividad cerebral de las personas que escuchen música. Si la hipótesis de los físicos es cierta, estos acoplamientos entre una composición musical y la actividad del cerebro ayudarán a determinar las preferencias musicales de cada persona.

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5 octubre 2009 at 8:37 pm Deja un comentario

Los bebés distinguen patrones y variaciones musicales mientras duermen


Una investigación basada en encefalogramas constata el innatismo de la capacidad musical humana

Poco se sabía hasta ahora sobre la percepción de los bebés recién nacidos, pero los avances tecnológicos están empezando a desvelar este misterio. Una investigación llevada a cabo por el proyecto EmCAP de la Unión Europea ha revelado que los bebés tienen sensibilidad para distinguir tonos musicales desde que nacen, es decir, que la capacidad musical humana no se deriva de la experiencia, como se creía hasta ahora, sino que tiene un componente innato. Utilizando el encefalograma, los investigadores comprobaron que los cerebros de los recién nacidos reaccionaban a cualquier variación en las expectativas rítmicas presentadas, esto es, que eran sensibles a los cambios en la música. Conocer a fondo cómo procesa el cerebro humano la música permitirá desarrollar nuevos tratamientos para problemas de audición, y también crear sistemas artificiales inteligentes capaces de procesar la música como nuestro cerebro. Por Yaiza Martínez.

Hasta hace poco, no se sabía casi nada sobre la percepción de los humanos cuando nacemos y, a pesar de que la percepción de los adultos ha sido investigada ampliamente, los patrones de percepción de los bebés recién nacidos seguían siendo un misterio

Gracias al proyecto EmCAP de la Unión Europea se ha podido desentrañar en parte este misterio. EmCAP (siglas de Emergent Cognition through Active Perception) es un proyecto de investigación desarrollado entre 2005 y 2008, que ha aunado los esfuerzos de neurocientíficos y técnicos musicales para realizar experimentos con bebés y música

En los experimentos, publica la agencia CORDIS de la UE, los bebés dormidos fueron conectados a un encefalograma (EEG), que es un instrumento que registra la actividad eléctrica del cerebro mediante electrodos colocados en el cuero cabelludo

Tonos, ritmos y melodía

Después, se hizo sonar una música, en concreto secuencias tonales simplificadas, para saber a qué tipo de patrones eran sensibles los recién nacidos, y si éstos predecirían qué tono o secuencia sería la siguiente, basándose en las escuchadas hasta el momento.

Tal y como explica Susan Denham, una de las autoras de esta investigación en el comunicado de CORDIS, las secuencias de sonido presentadas a los bebés variaban en el “color”, como si las emitiesen diversos instrumentos, pero mantenían siempre el mismo tono.

De vez en cuando, se hacía sonar un tono diferente, y se comprobaba con el EEG si los cerebros de los bebés habían producido una reacción distinta como consecuencia del desvío en el sonido. Pruebas similares fueron realizadas para analizar también el grado de sensibilidad de los niños a patrones melódicos y rítmicos

Según Denham, mientras que este tipo de técnica se ha usado durante años con adultos para medir la detección pre-consciente de hechos inesperados, rara vez se había utilizado con bebés recién nacidos. La gran ventaja de esta técnica es que se puede utilizar incluso cuando la persona estudiada está inconsciente.

Por eso no resultó un problema para averiguar la actividad cerebral de los pequeños, que éstos estuvieran durmiendo durante las pruebas.

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5 octubre 2009 at 8:19 pm Deja un comentario

MUSICA Y GENETICA

Por Federico Kukso y Leonardo Moledo

Nadie podría negar que se trata de un buen antecedente: entre 1612 y 1619, nada menos que Johannes Kepler (1571-1630) se encargó de refinar un género musical ya conocido por el propio Pitágoras en el siglo VI a.C.: la llamada “música de las esferas”. Para Pitágoras, como para Kepler, cada planeta, según la velocidad angular con la que gira, produce un sonido particular. Así lo dejó en claro en su libro Harmonices Mundi (Armonías del mundo), donde, además de enunciar su gloriosa tercera ley, que más tarde inspiraría a Newton, escribió seis melodías que correspondían a cada uno de los planetas hasta entonces conocidos (Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter y Saturno). De allí a lo que hoy se conoce como música molecular no hay más que tres siglos y un paso.

En verdad, la “música molecular” (o genética) se lleva todos los laureles si de raras invenciones musicales se trata. La idea es traducir en secuencias de notas musicales la estructura de algunas de las miles de proteínas que contiene el cuerpo humano. La bioquímica Linda Long de la Universidad de Exter (Gran Bretaña) es una de las “artistas” más conocidas de este curioso sistema de composición musical. Primero utiliza la cristalografía de rayos X para “mapear” en tres dimensiones los veinte tipos distintos de aminoácidos que componen a las proteínas. Luego con un software especial le asigna a cada uno duración, amplitud, tono, escala e instrumento para ser interpretado. Long ya cuenta en su haber con varios cds como Listen to your body (Escucha a tu cuerpo) y Music of the body (Música del cuerpo, que consiste en 40 minutos de sonidos de hormonas humanas), cuyos temas (con cierto ritmos de vals y onda new age) pueden escucharse en su sitio http://www.molecularmusic.com.

CONCIERTO INTERIOR

En realidad, la música molecular nació en los años ‘60, cuando las funciones de las proteínas recién empezaban a describirse, y la verdad es que no estaba mal: daba la sensación de que todo el mundo tiene una melodía adentro. Pero ya Watson y Crick habían descifrado la doble hélice y entonces, obviamente, el próximo paso eran los genes y el genoma. ¿A quién no se le ocurre?

Un tal Susumo Ohno, especialista en genética (del Beckman Research Institute de la ciudad de Hope, Estados Unidos), descubrió que al asignar arbitrariamente notas musicales a las sustancias que componen el ADN (Do a la citosina, Mi y Re a la adenina, Fa y Sol a la guanina, y La y Si a la timina), conseguía los más variados ritmos musicales. Incluso, con la ayuda de su esposa Midori, interpretó algunos pasajes en piano, violín y viola.

Hace poco, y para conmemorar los cincuenta años del descubrimiento de la estructura del ADN, un equipo español de Microbiología del hospital Ramón y Cajal de Madrid compuso diez canciones que tuvieron como partitura notas musicales traducidas de secuencias del genoma humano (entre los que se utilizaron genes involucrados en la sordera y la enfermedad de Alzheimer) y otros seres vivos como hongos y bacterias. Aunque el nombre del cd no es muy original (Genoma Music o La música del genoma, del que se puede escuchar algo en http://www.genomamusic.com), los de algunas de las canciones (quizás futuros “hits”, quién sabe) sí lo son: “Homo sapiens Conexina 26”; “YRB1P Candida albicans”; y “SLT2-proteína kinasa”.

Pero así como no todos los intentos de descifrar el genoma son nobles, los de pasar genes a música tampoco. Por ejemplo, la empresa de biotecnología Maxygen (de Redwood City, California) pretende en vez de patentar genes, digitalizarlos como notas musicales (en mp3s) y ponerles copyright a las canciones que de allí salgan. La idea no es ingenua: las patentes tienen en Estados Unidos un límite de 17 años, mientras que los derechos de autor duran cien años. El tema para algunos es preocupante: quizás en un futuro no muy lejano, uno puede llegar a encontrar trozos de su patrimonio genético en forma de música rondando por Internet, sin que nadie le haya avisado al respecto.

LOS SISMOS, EL NIÑO Y LOS TRUENOS

Hay quienes fueron un poco más lejos que las proteínas y los genes. Como Marty Quinn (del Design Rythmics Sonification Research Lab, en Estados Unidos), que logró extraer patrones musicales a partir de terremotos, ondas cerebrales, variaciones de la corriente de El Niño, tormentas que azotan a Júpiter y la actividad solar. Sus últimos trabajos (que el músico y especialista en computación expone en http://www.quinnarts.com) son Sinfonía Climática y Sonata Sísmica; nombres bastante creativos que llaman a uno a pegarle al menos un vistazo (con el oído, claro).

En definitiva, pese a la solemnidad con la que muchos presentan estas supuestas piezas de arte (que para algunos no dejan de ser ruido), no son más que notables experimentos o juegos. Como el que realizó hace trescientos años Johann Sebastian Bach, quien, aprovechando el hecho de que en alemán las notas musicales se designan con letras (A=la, B=si bemol, C=do, H=si) utilizó la melodía de su apellido como contratema de la última sección del Arte de la fuga. No sería raro suponer que la música de las proteínas, los genes y los terremotos le habría encantado a Bach, y probablemente a otros gigantes de la música como Beethoven, Mozart o Chopin.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/futuro/13-487-2003-06-26.html

15 agosto 2009 at 8:45 pm Deja un comentario

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